Cuando la actual administración de Macarena Ripamonti asumió el mando en Viña del Mar, lo hizo bajo una premisa que generó esperanza en muchos: el «Municipio de Cuidados». Se nos prometió una gestión que pondría la dignidad humana y la empatía en el centro. Sin embargo, tras años de gestión, la realidad que golpea las puertas de los edificios municipales parece dictar una sentencia muy distinta.
La reciente revelación de 79 denuncias vigentes por la Ley Karin en etapa de sumario no es solo un dato estadístico; es una grieta profunda en el corazón del relato oficial. ¿Qué pasó con esa promesa de protección? ¿En qué momento el «cuidado» se transformó en un frío cálculo político?
El círculo de hierro y el tablero de ajedrez
Al observar el comportamiento de la administración, da la impresión de que existe un «ajedrez» interno donde las piezas se mueven estratégicamente para proteger a la cúpula y al grupo cercano que rodea a la alcaldesa, dejando a los funcionarios de a pie en una vulnerabilidad absoluta. Es legítimo preguntarse: ¿Se está cuidando a la gente o se está cuidando la imagen del poder?
Como medio de comunicación, recibimos constantemente testimonios de trabajadores que, bajo estricto anonimato por un miedo paralizante a las represalias, relatan un ambiente de desconfianza. Es alarmante que, en el municipio que se autodefine como protector, sus propios empleados sientan que denunciar es un «suicidio laboral». La desconfianza hacia la autoridad no nace de la nada; nace de ver procesos que se dilatan y de una sensación de impunidad que favorece a quienes están «bien conectados».
La persona frente al cálculo político y económico
La respuesta de la administración, señalando que las cifras están «dentro de la media», es de una frialdad preocupante. Detrás de cada una de esas 79 denuncias hay una persona, una familia y una salud mental quebrada. Priorizar lo económico y lo político para evitar el «daño reputacional» es, en esencia, lo opuesto a cuidar. Pareciera que la preocupación principal es que los edificios municipales luzcan tranquilos por fuera, aunque por dentro la realidad sea de abandono.
Una gestión no se mide solo por sus hitos externos, sino por cómo trata a quienes hacen que la ciudad funcione día a día. Si el aparato municipal se dedica más a blindar su círculo de hierro que a garantizar espacios libres de acoso y violencia, el concepto de «Municipio de Cuidados» termina convirtiéndose en una ironía dolorosa.
Una reflexión necesaria
La Ley Karin llegó para poner un estándar alto en la dignidad del trabajo. Es hora de que la administración municipal deje de mirar tanto las encuestas y empiece a mirar sus propios pasillos. No basta con decir que se cuida; hay que demostrarlo con sumarios transparentes, justicia oportuna y, sobre todo, desarticulando esas lógicas de «ajedrez» donde siempre pierden los mismos.
Viña del Mar merece una administración donde el cuidado sea un compromiso ético y no un simple eslogan de campaña que se desvanece cuando se apagan las cámaras y se cierran las puertas de las oficinas.
