La reciente aprobación en el Concejo Municipal de Viña del Mar del convenio para el proyecto Parque Inundable Estero Marga Marga nos obliga a reflexionar sobre las prioridades y la seguridad de nuestra ciudad. Con una votación dividida de 7 votos a favor y 4 en contra, el municipio ha decidido avanzar en una intervención de más de $8.000 millones de pesos en una de las zonas geográficamente más vulnerables de la comuna.
Resulta, a lo menos, inquietante que se celebre la construcción de un «parque inundable» en el lecho de un estero que es la vía natural de entrada ante un eventual tsunami. Si bien el diseño técnico —apoyado por la PUCV— asegura que la infraestructura podrá resistir marejadas y crecidas al actuar como una «infraestructura verde» que almacena agua, los reparos de los ediles de oposición no son menores: ¿es responsable invertir miles de millones en una zona de alto riesgo catastrófico mientras la ciudad aún no cierra las heridas del mega incendio?.
Llama profundamente la atención que se hable de «mejorar la seguridad» cuando hoy el estero es escenario de negligencias evitables. Es una realidad recurrente ver cómo, ante cualquier lluvia intensa, el Marga Marga recupera su cauce dejando vehículos atrapados y a la propia feria del estero bajo el agua, evidenciando una falta de control sobre los usos actuales de la caja del río. Según las fuentes, el municipio reconoce que el sector se ha deteriorado por años debido a usos como estacionamientos y ferias, lo que genera una constante «sensación de inseguridad». Sin embargo, la propuesta de «ordenar» este espacio con un parque parece ignorar que la fuerza de la naturaleza en ese punto ha sobrepasado históricamente cualquier intento de organización urbana.
El contraste ético es ineludible. Mientras se asegura que estos recursos son de «costo cero» para el municipio por ser fondos del Minvu, miles de viñamarinos siguen esperando soluciones habitacionales definitivas. A esto se suman dudas operativas sobre la logística municipal para desmantelar luminarias y mobiliario antes de que una crecida arrastre la inversión río abajo.
Viña del Mar necesita renovarse, pero el progreso no puede ser ciego a la geografía ni sordo a las urgencias sociales. Construir sobre un lugar que hoy ya es una trampa para autos y feriantes, en un país sísmico y con familias sin techo, es una apuesta de alto riesgo. El trámite administrativo ya está habilitado, pero la duda razonable permanece: ¿estamos construyendo un parque o simplemente un hermoso naufragio?.
