Hay una agilidad asombrosa en la política cuando se trata de subirse a la ola del espectáculo y los dividendos comunicacionales. El reciente y efusivo ofrecimiento de la alcaldesa Macarena Ripamonti, poniendo el Estadio Sausalito a disposición de la banda surcoreana BTS tras los portazos en el Estadio Nacional, es el ejemplo perfecto de manual. Una jugada rápida, vistosa, pensada para el aplauso fácil en redes sociales y para instalar a Viña del Mar en el centro del mapa del entretenimiento global. El problema no es el show; el problema es el obsceno contraste de prioridades que deja en evidencia.
Qué maravillosa sería la vida del ciudadano común en la «Ciudad Jardín» si esa misma disposición, esa misma velocidad ejecutiva y esa misma voluntad política se desplegaran para solucionar los problemas de quienes sostienen el día a día de la comuna: los trabajadores de la Corporación Municipal (CMVM).
Mientras la alcaldesa despliega la alfombra roja virtual para el K-Pop, los profesores, asistentes de la educación y funcionarios de la salud pública de Viña del Mar lidiaron por largo tiempo con deudas previsionales, falta de insumos básicos y el abandono estructural de los cerros. Para el espectáculo internacional, el municipio reacciona en minutos; para las legítimas demandas de dignidad laboral de su propia gente, la respuesta es la lentitud burocrática.
Pero la crisis actual va mucho más allá de la negligencia histórica: ha escalado a la vulneración flagrante de los derechos laborales mínimos. Mientras desde la alcaldía se proyecta una imagen de modernidad y diálogo social, la realidad oculta en los pasillos de la Administración Central es desoladora. El reciente Informe de Fiscalización N° 0500/2026/5079 de la Dirección Regional del Trabajo de Valparaíso ha dejado al descubierto las prácticas desleales cometidas por la Corporación Municipal durante la huelga legal de sus trabajadores iniciada en mayo de 2026.
El documento oficial es lapidario. No solo constata la nula preparación y la ausencia de un plan de contingencia formal, sino que expone cómo la administración de Ripamonti ejecutó reemplazos ilegales de trabajadores en huelga, vulnerando gravemente la libertad sindical. El informe detalla maniobras explícitas: un guardia de seguridad modificado de sus turnos habituales para cubrir vacíos en la oficina central, un «Operador de Mantención de Áreas Comunes» obligado a ejercer como Encargado de Mantención y Gestión de Flota, y personal directivo visando órdenes de compra para mitigar el impacto de los brazos caídos de la Unidad de Adquisiciones. Lo más vergonzoso es que, al ser notificada por la Inspección del Trabajo para cesar estos reemplazos ilegales, la Corporación se negó rotundamente a allanarse al cumplimiento de la ley.
A esto se suma la alarmante hostilidad con la que se recibe la fiscalización del Estado. El informe de la Dirección del Trabajo deja constancia del trato «hostil y déspota» por parte de los altos mandos financieros de la corporación hacia la inspectora, llegando al extremo de obstaculizar el proceso, retrasar la entrega de antecedentes y ocultar registros obligatorios, como el de la empresa externa de aseo. ¿Es esta la gestión transparente, empática y transformadora que se prometió en los balcones municipales?
Es una cuestión de ética gubernamental. No se puede pretender brillar hacia afuera cuando la casa propia se está cayendo a pedazos por dentro. Ofrecer el principal recinto deportivo de la ciudad con bombos y platillos para un megaevento privado, mientras la Inspección del Trabajo ratifica que tu administración pisotea los derechos fundamentales de los funcionarios locales, no es gestión; es pirotecnia electoral.
Gobernar es priorizar. Y hoy, la señal que emana desde la administración municipal es dolorosa y desoladora para el habitante local: en el Viña del Mar de hoy, las luces del espectáculo importan bastante más que la dignidad y la legalidad laboral de sus propios trabajadores. Ojalá que la misma creatividad que se usa para atraer estrellas de la música se use, de una vez por todas, para saldar las deudas con las familias de los cerros y respetar los derechos de un funcionariado que, a diferencia de las modas musicales, se queda aquí poniendo el pecho a las balas todos los días.
Documento Adjunto: Evidencia de la Fiscalización Laboral
A continuación, se presenta la sección concluyente del Informe de Fiscalización N° 0500/2026/5079 (DRT Valparaíso), que acredita de manera irrefutable las irregularidades cometidas por la Corporación Municipal de Viña del Mar:

